Por Hugo Balmaceda para Argentina en Red
La actual política “libertaria” que arrasa el país no es una novedad. Su estrategia no se basa en la construcción de una política genuina, sino en la imposición del silencio, la sumisión y la obediencia incondicional. Para ello, articula una estructura de dominación basada en diversos poderes que, combinados, conforman EL PODER.
Por un lado, el poder político, obtenido a través de promesas electorales incumplidas, carece de legitimidad al traicionar el mandato popular. A esto se suma el poder mediático, con conglomerados de comunicación que manipulan la información, distorsionan la realidad y refuerzan la narrativa oficialista a través de titulares engañosos y contenidos tendenciosos. El poder judicial, con sectores corrompidos, garantiza impunidad mediante fallos favorables o la inacción deliberada frente a delitos de la casta gobernante. Mientras tanto, en el poder legislativo, representantes que deberían defender los intereses del pueblo terminan doblegándose ante sobornos o promesas de ascenso, avalando así proyectos inconstitucionales.

Este entramado se refuerza con el ejercicio sistemático de la violencia y el hostigamiento. La intimidación se despliega a través de amenazas anónimas, espionaje ilegal y el uso arbitrario de los organismos de inteligencia. La represión callejera se materializa con fuerzas policiales que atacan manifestaciones pacíficas con gases lacrimógenos, balas de goma y golpes, mientras infiltrados disfrazados de manifestantes provocan disturbios para justificar la brutalidad estatal. Se incumplen incluso sus propios protocolos: los gases se disparan en línea recta, directamente contra las personas, y los proyectiles de goma son dirigidos a los ojos de los manifestantes, buscando causar daño permanente.

Foto Redacción Olé, 15 de marzo (2025). Los jugadores del Club Atlético Independiente posaron con una bandera y le enviaron fuerzas al fotógrafo herido gravemente por el impacto de un gas lacrimógeno.
Además, se han multiplicado las detenciones arbitrarias, en las que se apresa a manifestantes sin motivo legítimo, muchas veces cuando ya se están dispersando. Estas detenciones se llevan a cabo sin actas, sin pruebas y sin testigos, transformando lo que debería ser una acción legal en una herramienta de Terrorismo de Estado.
Para entender el trasfondo ideológico de esta violencia organizada, es clave revisar las ideas de quienes han teorizado sobre el poder y la agresión política:
- Thomas Hobbes: “Sin atemorización del poder, el hombre vive en guerra de todos contra todos.” (Leviatán, Capítulo XIII, 1651).
- John Locke: “La ley natural racionalizada dice que nadie debe dañar a otro porque somos iguales e independientes.” (Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil, Capítulo II, 1689).
- Jean-Jacques Rousseau: “El contrato social permite una unión que no obliga, pero protege a todos los asociados de la violencia.” (El Contrato Social, Libro I, Capítulo VI, 1772).
“El hombre nace libre, pero en todas partes se encuentra encadenado.” (El Contrato Social, Libro I, Capítulo I, 1772). - Sigmund Freud: “La tensión entre el Eros (instinto de vida) y el Tánatos (instinto de muerte), hace que, este último, impulse una fuerza destructiva inherente a la naturaleza humana.” (El Malestar en la Cultura, 1930).
- Hannah Arendt: “El poder y la violencia son opuestos; donde uno domina absolutamente (genuinamente), el otro está ausente. Y si el poder se deteriora, aparece la violencia para dominar con totalitarismo, socava el poder legítimo y aparece como entidad destructiva.” (Sobre la violencia, 1970).
- Michel Foucault: “El poder disciplinario se ejerce a través de la vigilancia y el castigo, creando sujetos dóciles y productivos. La violencia epistémica muestra el conocimiento y el discurso que pueden utilizarse para ejercer poder y excluir a ciertos grupos.” (Vigilar y Castigar, 1975).
Conclusiones:
El gobierno libertario no gobierna, somete. Su poder no se sostiene en la legitimidad, sino en la mentira, la corrupción y la violencia sistemática contra el pueblo. Manipulan la justicia, compran legisladores y reprimen a quienes se resisten a la miseria planificada. Utilizan el miedo como herramienta de control, pero la historia demuestra que ningún régimen basado en la opresión es eterno. La organización popular, la movilización y la acción directa son la única respuesta posible. No hay pacto con quienes saquean la Patria y pisotean nuestros derechos. La lucha por la justicia, la libertad y la soberanía del pueblo continúa siendo una necesidad urgente.
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